Cinco centímetros. Ese es el tamaño del pez con la historia más interesante de la acuariofilia latinoamericana. Y llegó a los acuarios de todo el mundo antes de que la ciencia supiera cómo llamarlo.
Este pequeño cíclido no llega a los cinco centímetros, pero tiene más historia encima que muchos peces el doble de grandes.
Se llama Ramirezi. Y ese nombre no es un apellido científico inventado en un laboratorio. Es el nombre de una persona real.
El Ramirezi es un pez de los Llanos. Esa enorme sabana tropical que cubre el centro de Venezuela y el oriente de Colombia, bañada por los afluentes del Orinoco. No es un pez amazónico — aunque mucha gente lo crea.
En los Llanos hay dos estaciones, y las dos definen la vida de este pez de maneras completamente distintas.
En la época seca, el agua se retira. Los ríos bajan, las lagunas se achican, y el Ramirezi queda concentrado en caños pequeños, bordes de río y pozas cubiertas de vegetación acuática. Agua tibia, entre 26 y 30 grados. Ácida, con poco mineral disuelto. A veces oscura como el té, por los taninos que sueltan las hojas al descomponerse en el fondo. Ahí vive, cerca de la orilla, entre plantas y raíces, en profundidades de apenas unos pocos centímetros.
Cuando llegan las lluvias todo cambia. La sabana se inunda. El agua sube y se extiende por kilómetros de planicie que hace semanas era tierra seca. Y el Ramirezi aprovecha ese momento — se dispersa, explora, y es precisamente en esa época de abundancia cuando se reproduce. Los juveniles aparecen al final de la estación seca y al comienzo de la lluviosa, cuando el alimento es máximo y el espacio no tiene límite.
En esa misma época se les puede ver migrando en cardúmenes de miles — moviéndose por aguas que poco antes eran sabana abierta. Un espectáculo que muy pocos acuaristas imaginan cuando ven este pez de cinco centímetros detrás del vidrio.
A principios de los años cuarenta, un colector venezolano llamado Manuel Vicente Ramírez recorría esos mismos llanos capturando peces para el comercio ornamental. Trabajaba con un importador alemán llamado Herman Blass, y juntos empezaron a enviar estos cíclidos a Europa — antes de que ningún científico los hubiera descrito formalmente.
El pez ya circulaba en los acuarios alemanes con el nombre “ramirezi” cuando los ictiólogos George Myers y Robert Harry lo describieron oficialmente en 1948. Llegó primero que su nombre científico.
Y cuando al fin lo nombraron, usaron el nombre que el hobby ya le había dado — en honor al hombre que lo sacó del agua con las manos.
Su nombre científico tampoco fue fácil de establecer. Durante décadas los científicos no se ponían de acuerdo en a qué género pertenecía. Lo llamaron Apistogramma, luego Papiliochromis, luego Microgeophagus con c. No fue hasta los años noventa que se aceptó la forma correcta: Mikrogeophagus, con k.
Del griego mikros, pequeño, y geophagus, comedor de tierra. Un pequeño comedor de tierra que tardó cuarenta años en tener nombre estable.
Cuando el Ramirezi llegó a Alemania, los criadores europeos empezaron a seleccionar los ejemplares más coloridos generación tras generación. Así nació el German Blue Ram — no una especie distinta, sino la misma cepa refinada durante décadas.
Con el tiempo la producción se trasladó a Asia, donde las granjas escalaron la cría a millones de peces al año. En ese proceso apareció el uso de hormonas para acelerar el crecimiento y exagerar los colores antes de la venta. De ahí nacieron también todas las variedades que hoy conocemos — el Electric Blue, el Gold, el Longfin, el Balloon. Cada una más alejada del pez original. Cada una, en general, más frágil.
Hay algo que me parece fascinante en la historia de este pez. Viene de una sabana que se inunda y se seca con las estaciones, de un río que atraviesa dos países, de aguas que la mayoría de la gente nunca va a ver en persona.
Y aun así terminó en los acuarios de todo el mundo, con el nombre de un hombre que caminaba esos llanos décadas antes de que alguien lo escribiera en un libro de ciencia.
Ese es el Ramirezi.
Cuidados y Realidad
El Ramirezi es uno de los peces más hermosos de la acuariofilia. También es uno de los que más gente pierde en los primeros meses. Hoy te explicamos por qué — y cómo evitarlo.
Nada en la zona media y baja del acuario. Es un explorador del fondo — toma bocados de sustrato, los filtra buscando pequeños invertebrados, y los suelta por las branquias. Así come en la naturaleza, y así come en el acuario.
Es un pez tímido. Sin compañía de cardumen se esconde, se estresa, come poco. Necesita tetras u otros peces de cardumen en la zona media-alta para sentirse seguro — cuando los ve nadar tranquilos, sabe que no hay amenaza.
En pareja es otro pez. Activo, curioso, presente. Forma vínculos monógamos — defiende su espacio y cría con la misma pareja. Macho y hembra participan por igual en el cuidado de los huevos y los alevines.
El agua es donde más falla la gente con esta especie. El Ramirezi necesita agua tibia — entre 26 y 30 grados — blanda, y ligeramente ácida, con un pH por debajo de 7. No tolera agua dura ni alcalina. Y es extremadamente sensible a la acumulación de desechos — amonio, nitritos, nitratos elevados lo enferman rápido.
Nunca va en un acuario nuevo — tiene que estar bien establecido. El tamaño mínimo para una pareja es de 80 litros — necesita espacio para establecer territorio sin conflicto constante. La filtración debe ser suave, sin corriente fuerte. Y los cambios de agua parciales y frecuentes son indispensables, no opcionales.
El sustrato ideal es arena fina. Le gusta tener plantas, raíces, escondites. Y piedras planas — importantes, ya veremos por qué.
Come de todo — pellets pequeños de buena calidad, alimento congelado, alimento vivo. Las artemias, la dafnia y las larvas de mosquito son sus favoritos y estimulan su comportamiento natural de búsqueda.
Es un comedor lento. En un acuario comunitario con peces más rápidos puede quedarse sin comer. Hay que asegurarse de que el alimento llegue al fondo antes de que la competencia lo desplace.
A través de años de selección artificial se produjeron muchas variedades — azul eléctrico, dorado, aletas largas, balloon — todas la misma especie, y todas en general más frágiles que el tipo original.
Va bien con tetras medianos y pequeños, corydoras, otocinclus y plecos pequeños — peces tranquilos de agua blanda que no compitan por el fondo. No va con peces grandes ni agresivos, mordedores de aletas como el barbus sumatrano, cíclidos territoriales, ni especies de agua dura o alcalina. En reproducción se vuelve territorial con cualquier pez que se acerque a la puesta — incluso compañeros que antes toleraba.
Cuando están listos para reproducirse, se vuelven más intensos en color y limpian una superficie — piedra plana, hoja ancha, arena. Ahí va la puesta. La hembra deposita los huevos en filas, el macho los fertiliza de inmediato. Pueden llegar a 300 huevos. Los dos abanican los huevos, retiran los que no se desarrollan, y defienden el territorio con una intensidad que sorprende en un pez tan pequeño.
Los huevos eclosionan en unos dos días. Los padres mueven las larvas a pequeñas fosas en el sustrato. A los cinco días los alevines nadan libres — y los dos los pastorean juntos, los reúnen cuando se dispersan, los recogen con la boca si se alejan demasiado.
Es cuidado biparental en su forma más completa. Difícil de ver en muchos peces. En el Ramirezi es la norma.
El Ramirezi no es un pez para principiantes — no porque sea imposible, sino porque no perdona el descuido. Pero cuando está bien, es difícil encontrar otro pez de su tamaño que dé tanto. Color, comportamiento, personalidad, y una vida en pareja que pocos animales de acuario muestran con tanta claridad.
Vale la pena hacerlo bien.