Guppy
Poecilia reticulata

Guppy

El Guppy es el pez que más personas han tenido alguna vez. Pero detrás de esa fama hay una historia que va mucho más allá del acuario — ríos del Caribe, un geólogo que envió unos peces a Londres, una herramienta contra la malaria, y más de 150 años de criadores que convirtieron un pez silvestre en cientos de variedades distintas.

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Ambiente
Agua dulce
Tamaño adulto
Macho: 3–4 cm
Hembra: 4–6 cm
Nivel de cuidado
Fácil
Comportamiento
Pacífico y Comunitario
Esperanza de vida
2–3 años
Tamaño acuario
40 litros (mín)
Zona de nado
De aguas medias

Hay un pez que está en casi todos los acuarios del mundo. En las tiendas, en las casas, en los laboratorios científicos. Un pez pequeño, pero con una historia enorme. Hoy te cuento de dónde viene el Guppy, cómo llegó a conquistar el mundo, y por qué es mucho más que el “pez de principiantes” que muchos creen.

El macho es inconfundible. Pequeño, ágil, con una aleta caudal que parece diseñada para llamar la atención. Colores que van del azul metálico al naranja encendido, del negro profundo al verde iridiscente. Y cada macho es diferente al otro — en la naturaleza, prácticamente no existen dos iguales.

Las hembras son más grandes y más discretas. La naturaleza tiene sus razones para eso.

Su hogar original está en el norte de América del Sur: Venezuela, Trinidad y Tobago, Guyana, Barbados. Ríos pequeños, arroyos costeros, aguas cálidas y tranquilas donde la luz llega hasta el fondo y las algas crecen en abundancia.

En esos ecosistemas, el Guppy aprendió a sobrevivir en condiciones muy variables: aguas duras o blandas, limpias o turbias. Esa adaptabilidad es parte de su naturaleza más profunda — y es lo que lo hace único.

La historia del Guppy con los humanos empieza en 1859, cuando el naturalista Wilhelm Peters lo describió científicamente por primera vez desde Venezuela, nombrándolo Poecilia reticulata.

Años después, en 1866, un geólogo llamado Robert John Lechmere Guppy recolectó ejemplares en Trinidad y los envió al Museo de Historia Natural de Londres. El científico que los recibió decidió nombrarlo en su honor: Girardinus guppii. Ese nombre científico ya no se usa, pero el apodo quedó para siempre.

El Guppy lleva el apellido de alguien que ni siquiera era biólogo de formación.

A principios del siglo XX, el Guppy viajó por el mundo como herramienta contra la malaria. Gobiernos de países tropicales lo introdujeron en ríos y estanques para que comiera larvas de mosquito. Hoy está presente en todos los continentes excepto la Antártida — no solo en acuarios, sino en ríos donde no existía hace cien años.

Y en ese recorrido, algo más estaba pasando.

Cuando el acuarismo creció en Europa y Estados Unidos, los criadores empezaron a ver en el Guppy algo más que un pez silvestre. En los años 1920 y 1930 se formaron los primeros clubes de cría. En 1933, en Nueva York, se realizó el primer concurso de Guppies de la historia.

Generación tras generación, surgieron formas que no existían en la naturaleza: colas delta, colas velo, colas lira, colas espada doble. Cuerpos naranja sólido, azul metálico, rojo ardiente. Hoy existen cientos de variedades — el resultado de más de 150 años de selección humana.

El Guppy es un superviviente de ríos tropicales, un sujeto de investigación científica y un lienzo vivo para generaciones de criadores. Es el pez que más personas han tenido alguna vez. El que lleva el nombre de alguien que simplemente encontró algo hermoso y lo compartió con el mundo.

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