Hoy te explico por qué tu Corydora sale disparada hacia la superficie, y qué te está diciendo cuando lo hace.
Está tranquila en el fondo, y de pronto sube, toca la superficie y vuelve a bajar en un instante. Esa subida es una respiración. Pero no por las branquias. Por el intestino.
El aire que toma entra por la boca y viaja hasta la parte final del intestino. Ese tramo no se parece al resto: tiene paredes finísimas y una red densa de capilares, así que el oxígeno atraviesa la pared y pasa directo a la sangre. El gas que sobra sigue su camino y sale por el ano.
Para entender por qué existe algo así, hay que mirar de dónde viene. Las Corydoras viven en ríos y charcas de Sudamérica de agua cálida, poco profunda y cargada de materia orgánica, donde el oxígeno disuelto puede caer mucho. Sus branquias funcionan perfectamente. El intestino es un respaldo para cuando el oxígeno en el agua ya no alcanza.
No es la única que encontró esta salida. El Betta y los gouramis respiran aire con el laberinto, un órgano en la cabeza. Algunos plecos lo hacen con el estómago. La Corydora lo hizo con el intestino. Mismo problema, aguas pobres en oxígeno, y una solución distinta en cada caso.
Por eso la subida en sí no es una alarma. Una Corydora sana sube de vez en cuando, incluso en agua bien oxigenada. Lo que cambia cuando falta oxígeno es la frecuencia: cuanto menos hay en el agua, más veces sube.
Así que lo que conviene observar no es si sube, sino cuántas veces lo hace. Si las ves subir una tras otra, y varias a la vez, es momento de revisar la temperatura, la oxigenación y la calidad del agua.
Y deja siempre un espacio libre en la superficie. Para un pez que también respira aire, ese espacio es parte de su forma de respirar.
Cada subida es un pez usando un segundo sistema que la evolución construyó a partir de su propio intestino.
Por qué tu Corydora sube a la superficie